El 10 de agosto en Argentina es el Día del Niño, y en muchos salones de jardín y primaria se celebra con algún tipo de regalo o detalle para los alumnos. El desafío que enfrentan maestras y padres coordinadores es siempre el mismo: ¿cómo dar algo que valga la pena a 25 o 30 chicos sin que el presupuesto se dispare, y sin que el regalo sea tan genérico que no signifique nada?
El problema de los regalos genéricos para el salón
Un golosina, un lápiz con un moño, un pequeño juguete de cotillón. Son las opciones habituales porque son baratas, fáciles de conseguir en cantidad y no requieren ningún tipo de personalización. Nadie puede quejarse. Pero tampoco nadie se emociona. En el mejor de los casos, los chicos lo reciben con una sonrisa cortés y lo olvidan en la mochila.
El problema no es el presupuesto ajustado. El problema es que ese tipo de regalo comunica, sin querer, exactamente lo contrario de lo que todos quieren comunicar en el Día del Niño: que cada niño es intercambiable, que cualquier cosa sirve para cualquiera.
Un cuento personalizado para cada chico del salón
La propuesta es simple y más accesible de lo que parece: cada chico del salón recibe su propio cuento personalizado. Con su nombre. Con su edad. Con el tipo de aventura que más le gusta. Un cuento donde él o ella es el héroe o la heroína de su propia historia.
Podés elegir un tema unificador para todo el salón, lo que simplifica la coordinación. Por ejemplo: todos viven una aventura espacial, pero cada uno es el capitán de su propia nave. O todos exploran una jungla, pero cada uno tiene un animal compañero diferente. El universo es el mismo para todos, pero cada historia es única porque el protagonista es único.
Cómo organizar el regalo con las familias del grado
El proceso requiere planificación pero no es complicado. Lo ideal es empezar dos semanas antes del 10 de agosto:
Semana 1: recolección de información
El padre o madre coordinador manda un formulario simple por WhatsApp. Para cada chico del salón, se necesita:
- Nombre completo del chico o chica
- Edad que tiene o que va a cumplir
- Una cosa que le encanta (un animal, un tipo de aventura, un color, un personaje)
Con esos tres datos, el cuento puede ser genuinamente personalizado. No hace falta más.
Semana 2: creación y preparación de los cuentos
Con la información recolectada, el coordinador crea los cuentos en ImaginaCuentos. Para un salón de 25 chicos, el proceso se puede hacer en una tarde. Cada familia puede imprimir su cuento en casa o en una fotocopiadora cercana, o el coordinador puede imprimir todos en un solo lugar y distribuirlos.
El presupuesto real
El costo por cuento personalizado, dividido entre todas las familias del grado, es perfectamente comparable con el costo de cualquier otro detalle de Día del Niño. Y a diferencia del lápiz o la golosina, es algo que el chico puede releer, mostrar a sus abuelos, guardar. Si la familia quiere imprimirlo en color en una fotocopiadora del barrio, el costo adicional es mínimo. Si prefiere el formato digital, es cero.
La magia del momento en el aula
Pensá en el momento en que la maestra reparte los sobres. Cada chico abre el suyo y en la portada ve su nombre. Mira al costado y ve que el de su compañero dice otro nombre. Se da cuenta de que no son todos iguales. De que hay uno que es solo de él.
En ese momento pasa algo que no pasa con ningún otro regalo de cotillón: cada chico se siente visto. Específicamente elegido. No parte de un grupo intercambiable, sino una persona que merece su propia historia.
Los chicos que en casa no piden que les lean cuentos, ese día piden que les lean su cuento del Día del Niño. Los que ya leen, lo leen solos, con una atención que normalmente no aplican a ningún libro. Porque ese libro habla de ellos.
Convertirlo en una tradición del salón
Lo que empezó como un detalle del 10 de agosto puede convertirse en una tradición. Al año siguiente, el mismo grado recuerda el cuento. Los hermanos menores esperan que les llegue su turno. Las maestras que lo implementaron una vez lo vuelven a proponer.
Y en algún rincón de una casa, años después, un adulto que fue alumno de ese salón va a encontrar ese cuento en el fondo de un cajón, lo va a releer, y va a recordar que hubo un 10 de agosto en que alguien pensó en crear una historia específicamente para él.


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