Un espejo distinto
En las historias clásicas hay muchos espejos mágicos. Casi todos prometen mostrar la verdad o el futuro. El espejo de este cuento no hace ninguna de las dos cosas. Lo que muestra es algo más raro: a la persona que podrías llegar a ser según las elecciones que hagas en los próximos meses. La imagen cambia con tus actos.
El altillo de la abuela
Joaquín subió al altillo en busca de una caja vieja. Encontró un espejo con marco de bronce. Cuando se miró, no vio a Joaquín de diez años. Vio a un Joaquín de catorce, con la cara más larga, sentado solo en una pieza, con la mirada apagada. Le dio impresión. Cerró el espejo y lo tapó con una sábana.
Probar a cambiar algo
Esa semana Joaquín hizo dos cosas distintas. Una: ayudó a su mamá con la mudanza de la abuela sin quejarse. Dos: le habló al chico nuevo de la escuela, Bruno, que no tenía amigos. Volvió al altillo. Sacó la sábana. La imagen del espejo había cambiado: Joaquín a los catorce, sentado en una mesa con dos amigos, riéndose, sin esa mirada apagada.
El uso correcto del espejo
Joaquín entendió la regla. El espejo no era para asustarlo. Era para mostrarle que sus elecciones diarias armaban a la persona que iba a ser. Decidió no mirarse muy seguido. Una vez por mes, máximo. Y, sobre todo, decidió tomarse en serio las decisiones chicas, porque eran las que terminaban escribiendo el reflejo grande.
Glosario del espejo
- Posible: lo que todavía no es, pero puede llegar a ser.
- Elección diaria: la decisión chica de hoy que arma la persona grande de mañana.
- Hábito: lo que hacés tantas veces que ya no decidís hacerlo.









